¿Qué impide que seas salvo? (Cuarta parte)
Los líderes tenían suficientes pruebas acerca de Cristo, pero ellos se negaron a creer y en su ignorancia deliberada hasta se burlaron de Él. Fueron ignorantes de la identidad de Cristo por propia voluntad: «Entonces le dijeron: ¿Tú quién eres?» (Juan 8.25). Lejos de ser una pregunta sincera, pudiera parafrasearse de la siguiente manera: «¿Quién te crees que eres? Estás diciendo cosas bastante ridículas, que si vamos a morir en nuestros pecados. ¿Sabes con quiénes estás hablando? Nosotros somos la élite espiritual. ¿Quién te crees que eres? Tú eres un don nadie de Nazaret que ha venido aquí a decirles a los líderes de Israel como dirigir las cosas. ¿Quién te da este derecho?»
Te preguntarás: «Pero ¿cómo pueden las personas ser así?» La respuesta se expone de manera sencilla en Juan 3.19. Los hombres son así porque aman su pecado: «los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas». Por sus pecados, los fariseos no quisieron exponerse. Se sentían tan ufanos en su pretendida superioridad moral y siguieron en deliberada ignorancia. Esto es trágico porque los coloca en la categoría de los que han recibido suficiente información para creer en la verdad, la han rechazado y van a recibir un castigo mayor que los demás: «¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?» (Hebreos 10.29).
No siempre se puede predicar lo positivo; a veces hay que predicar lo negativo porque lo negativo se necesita para llevar a algunos a Cristo. Si nunca te has entregado a Jesucristo, quedarás separado de Él por un gran abismo que nunca podrás franquear. Ni todas las buenas obras ni el fariseísmo ni la religión serán capaces de hacerlo. La única manera en que ese abismo puede franquearse es que reconozcas tus pecados y recibas al Señor Jesucristo. Si tienes el deseo en tu corazón simplemente ora: «Dios, quiero a Jesucristo como mi Salvador. Lo recibo ahora. No quiero morir en mis pecados. Quiero ir adonde estás tú». Y si lo haces con toda sinceridad, Él oirá esa oración y tu vida será trasladada «al reino de su amado Hijo» (Colosenses 1.13). Si la fe de tuya es débil, pídele que te ayude a creer. Si necesitas más información para tomar esa decisión y realmente deseas conocerlo a Él, pídele a Dios que te enseñe la verdad acerca de Cristo.




November 5th, 2009, 6:12 pm
Me gustaria a veces copiar algunos de sus devocionales o temas completo, pero no se que pasa que no puedo hacerlo,gracia al Señor por sus comentarios y devocionales pero yo los leo mejor si lo saco de la computadora porque el tiempos mejor para mi estudiar la biblia es por la noche y fuera de la computadora, espero que me entiendan.El Señor les bendiga rica mente.