Los ancianos y tú
Jesús dijo que al ayudar y servir a los más desprotegidos estamos en realidad ofreciéndole a Él nuestra manera más elevada adoración, teniendo en cuenta que cada ser humano es creado a la misma imagen de Dios.
El Apóstol Pablo en su instrucción al joven Timoteo le recuerda la importancia de tratar con dignidad y respeto a las personas de edad. “No reprendas al anciano; al contrario, aconséjalo como si fuera tu padre; y trata a los jóvenes como si fueran tus hermanos. A las ancianas trátalas como a tu propia madre… pues quien no se preocupa de los suyos, y sobre todo de los de su propia familia, ha negado la fe y es peor que los que no creen” (1 Timoteo 5).
Jesucristo fue un Maestro práctico, que no dedicó mucho tiempo a las filosofías abstractas muy comunes en su tiempo. Presentó claramente al Dios de la historia, el Dios que actúa y se mueve bendiciendo a sus hijos e hijas en este mundo porque les ama como un Padre.
Por ello cumplió hasta el final con su deber de cuidar a sus padres terrenales, hasta el último momento de su vida, cuando colgando sobre la cruz y enfrentando la agonía de la muerte le pidió a su discípulo amado que protegiera y cuidara a su madre María. Jesús no vio a su madre como una carga para Juan, todo lo contrario, sabía María sería una bendición para Juan y Juan sería una bendición para María.
Al cuidar de las personas mayores no solo les ayudamos a ellos sino que también, al mismo tiempo, somos ayudados por ellos, quizá no de una manera tangible y evidente, pero sí en una relación de mutualidad y simbiotismo.
En una sociedad egoísta y consumista en la que el lema es “tanto tienes tanto vales”, es fácil caer en la aberración de valorar a las personas en función de lo que contribuyen o aportan, si no aportan ya no sirven, por mucho que en el pasado hayan aportado.
La esperanza cristiana descansa en el hecho de que seguimos a un Dios que hizo a los seres humanos a su imagen y semejanza y los valora no en base a lo que aportan, sino en base a lo que son.
(R. Esteban Montilla, en su libro Viviendo la tercera edad, publicado por Editorial CLIE)
(Tomado de “Rincón de la lectura Núm. 170” Editorial CLIE)




Diciembre 10th, 2007, 9:05 pm
Sin contar que muchas veces, también consideran a las personas según lo que creen estar viendo, lo que imaginan según sus referentes humanos o los demonios internos que ellos mismos traen, sus miedosy en lugar de enseñar la Palabra de sabiduría Divina, encasillan e incluso hasta aíslan a las personas creyendo con ello servir a Dios. Increible pero cierto, lo sé, lo vivi, lo sufrí, igual que en el mundo natural. ¿Aprenderomos el verdadero amor de nuestro Dios algún dia, su evangelio de la Paz? o escucharemos sin aplicar la sabiduría de Dios y traer el reino de Cristo que es de lo que se trata?. Les bendigo en el Precioso Nombre de Jesús.