El anonimato entre lo hombres no significa anonimato ante Dios
Cuando vemos algún personaje importante, a menudo olvidamos las figuras secundarias que hacen posible el éxito de la estrella.
Entre los cuatro primeros discípulos de Cristo que siempre se mencionan, junto a Pedro, Jacobo y Juan, aparece el nombre casi desconocido de otro. Es el del apóstol Andrés.
Andrés fue el primer discípulo que Jesús llamó. Era hermano de Pedro y ambos eran pescadores.
Casi no se menciona y cuando se hace, solo es de pasada. Se le llama “el hermano de Pedro”. Juan el Bautista le mostró a Jesús y Andrés desde ese momento se dedicó a seguir a Cristo.
Andrés, aunque en el anonimato, aprendió cuánto vale para Dios una sola alma. En seguida corrió a predicarle a su hermano Pedro y lo trajo a Jesús. Se ocupó del niño que quería ofrecer sus pocos panes y peces para que Jesús hiciera un milagro. Este apóstol se ocupó en presentarle individuos a Cristo.
Andrés supo apreciar lo insignificante. Él sabía que Jesús no le daría una orden que ellos no pudieran obedecer con el poder de Dios.
Recuerda que el anonimato entre los hombres no significa anonimato ante Dios. Lo que parece insignificante y hasta sin sentido, en las manos de Jesús puede ser instrumento para manifestar su poder. Dios recompensa lo que se hace en secreto para Él.
Cada persona es importante para Dios y por lo tanto, tiene que ser importante para ti también. Hoy mismo alguien espera la palabra de salvación por medio de ti. ¿Se la darás?




